Siempre me pregunté los por qué a todos, me llegué a preguntar por qué me pregunto por qué; me llené de preguntas sin encontrar todas las respuestas. Estoy perdida en un laberinto sin salida.
No sé como, ni cuando, ni para qué, ni por qué, hay tantas cosas que sé; lo único que sé, es que ahora me vendría un poco de vos para calmar esta sensación que siento por dentro, esto que me hace tan mal.
No valía la pena seguir intentándolo, quizás fue lo mejor de lo mejor la decisión que tomaste, pero qué más da, quizás es lo que tenía que ser, era el camino que tendríamos que haber tomado.
Pasan años y yo sigo acá esperando sacar de la cabeza lo que no sale del corazón, que decisión más boluda la mía.
Al menos sé, que no sé nada y al mismo tiempo sé tantas cosas. No importa que pase, necesité caer y volverme a levantar para darme cuenta, pero acá estoy, una vez más, escribiéndote como si vos fueras el que iría a leer.
Me arrepiento de tantas cosas, de no haberte puesto como prioridad cuando lo tendría que haber hecho, de haber tomado una decisión muy importante sin pensarlo antes y mezclar sentimientos que no tenían nada que ver, de decirte que no, de decirte que si, de no haberte dicho nada (te amo).
Extraño tu sonrisa, tu mirada, la forma en que solo vos (y hasta el día de hoy) me hacías sentir.
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