lunes, 4 de julio de 2011

Si alguien te dijo que algo se olvida, mintió, hasta lo que yo sé y por mis experiencias diría que nada se olvida, que todo se supera. 
Cuando todos dicen que la primavera es la época del amor, yo, con mi gran habilidad de llevar la contra (se podría decir), digo que el invierno es la gran época del amor; cuando nos sentimos solos, cuando queremos a esa persona abrazándonos cuando hace tanto frío, cuando queremos a esa persona que nos preste su campera o simplemente compartirla, cuando queremos a esa personas para mirar juntos abrazados una película, cuando soñamos con ese "perfecto amor de invierno", pero claro dicho está: SOÑAMOS. 
Lindo es soñar, feo es despertar. 
¿A quién le gusta despertar de un sueño tan soñado? ¿De ese que queremos que sea tan realidad? ¿Cómo reaccionamos cuando finalmente nos damos cuenta que fue un sueño? 
Además de no agradarme por el frío, me agradás aún menos por hacerme recordar los momentos en que no me importaba nada más que llegar a mi casa y hablar con el, o no ver la hora en que sea la fecha en que se me acredite el saldo, o cuando no me importaba absolutamente nada al caminar por la calle, agarrados de la mano y terminar con la mano congelada. 
Extraño esos momentos, al menos por el invierno podrían volverse a dar ¿no?

En fin, quiero un novio de invierno.

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