domingo, 20 de febrero de 2011

Es una parte de mí analizar los hechos que en mi vida han transcurrido, fijarme en cómo sucedieron y el por qué de las consecuencias, no sé si es algo bueno pero sé que no es malo y eso me deja más tranquila. El dos mil diez fue un año movidísimo para mí, lo cual a pesar de todas las tristezas y las sacudidas dolorosas de un día para el otro me di cuenta que de todo lo malo la vida algo bueno te da, y si, fue así. Enseñanzas me dejaron el año pasado, tras perder a personas que no quería perder, tras encontrar personas que no sabía que se iban a aparecer en mi camino y lograron un lugar importante en mi corazón, tras saber que a pesar de todo seguía teniendo a muchos seres queribles, que en esos momentos de altibajos ellos se encontraban ahí para hacerme una pregunta tan simple y compleja a la vez: cómo estás Aye? O un: Qué pasó? Y el apoyo incondicional de esas personas. 
Este año que ya transcurrió me enseñó a no dar tantas segundas oportunidades, o si, pero a personas que realmente demuestren que la valoran, a no confiar tan ciegamente, a no decir siempre que sí creyendo que después algo cambiaría, a hacerme respetar más que el resto de los años, a poder sobrellevar algunas situaciones, a caer y levantarme de nuevo. 
El propósito de este dos mil once es poner en práctica todo lo enseñado en el dos mil diez. 



Me enseñaste de todo excepto a olvidarte...
dos mil diez.

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